Somos memoria

«Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos».

Borges 

Cambridge  (Elogio de la sombra, 1969)

 

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La Mémoire, 1957 – René Magritte

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La Mémoire, 1940 – René Magritte

 

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La Mémoire, 1944 – René Magritte

Unas palabras sobre el cuento

El cuento según Monterroso

Poecraft Hyde

Por Augusto Monterroso (1921-2003).

Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así.

Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con ésos debe trabajarse.

Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas.

La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo…

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DANIIL JARMS, STALIN Y EL CASO DE LOS ESCRITORES PARA NIÑOS

El que hoy en día podamos leer Me llaman Capuchino, (Automática Editorial, 2012) de Daniil Jarms, es uno de esos milagros que, solo de vez en cuando, la historia concede a la Literatura. Y es que en 1928, con la consolidación de Stalin en el poder, se produjo la nacionalización de todas las editoriales y revistas privadas y se decretó el «realismo socialista» como arte único y oficial del estado soviético. Esto significó la persecución y el fin de los escritores de la vanguardia rusa, entre ellos Jarms, que a partir de ese momento y, como tantos otros autores, quedó definitivamente proscrito.

Daniil Kharms

Daniil Jarms es uno de los más de treinta pseudónimos que Daniil Ivánovich Yucachov (San Petersburgo 1905 – Leningrado 1942), escritor de la vanguardia rusa, utilizó a lo largo de los años. Jarms fue un poeta zaum del cubofuturismo(corriente resultante de la interacción entre los poetas futuristas y los pintores cubistas), un anticuentista que renovó de la tradición popular rusa del skaz (tipo de composición narrativa de cuentos populares de autores como Gogol) y uno de los creadores del teatro del absurdo.

 En diciembre de 1931 se pone en marcha el llamado «caso de los escritores para niños» en el que se acusaba a ciertos autores de instigar una conspiración antisoviética que, mediante cuentos y poemas, pretendía pervertir a la juventud del régimen. Hasta ahí llegó el absurdo estalinista. Jarms fue detenido y condenado a tres años de trabajos forzados, pero gracias a la mediación de su padre, antiguo activista revolucionario, se le conmutó el castigo por el destierro a Kursk.Leer más »

Vargas Llosa sobre Onetti

El martes fui a la Fundación Juan March porque, en el contexto del ciclo de conferencias Nombres de Latinoamérica, ofrecían una charla entre Mario Vargas Llosa y Juan Cruz sobre Juan Carlos Onetti. Escuchar a Llosa disertar sobre casi cualquier tema es siempre un gustazo, pero si encima se pone a hablar de Onetti… ¿Qué os puedo decir? Salí encantada.

En 2008 Vargas Llosa escribió un ensayo titulado El viaje a la ficción (Alfaguara), en el que analiza todas las novelas del escritor uruguayo  y algunos de sus cuentos. Desde el martes, ese libro ha pasado a engrosar mi lista infinita de lecturas pendientes.

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Una de las opiniones más interesantes de Llosa consiste en la consideración de Onetti como introductor de la modernidad en la narrativa latinoamericana. Según el novel, con su primera novela, El pozo (Punto de lectura, 2007), escrita en 1939, Onetti demuestra que es un adelantado a su tiempo, ya que en ese momento la literatura latinoamericana era criollista, indigenista; localista, al fin y al cabo. La clave de esta modernidad consistiría en que Onetti fue el primero de los escritores latinoamericanos en recoger la influencia de William Faulkner, que más tarde impregnaría a otros autores como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y el propio Vargas Llosa. Y es que Faulkner creó una técnica narrativa tan eficaz para narrar historias del mundo latinoamericano (construcción de los puntos de vista, organización del tiempo, enfoques narrativos…) que esa influencia era inevitable. Otra influencia de Onetti, quizás esta aún más evidente que la anterior, fue Louis-Ferdinand Céline. El uruguayo fue uno de los pocos escritores del cono sur que dio a Céline el valor que merece. También fue un lector incansable de Marcel Proust y James Joyce, lecturas que supo aprovechar en su escritura de una forma creativa y original. Leer más »